martes, 28 de noviembre de 2017

Actuar en la dispersión - por Bruno Napoli

por Bruno Napoli

El momento político de dispersión nos tiene desacorralados. No hay forma material posible de acorralar algo en la dispersión. Ya no estamos “unidos y organizados” en ningún lugar placentero de nuevas subjetividades. Nada nos convoca a una sola plaza o a un solo relato. Ya no. Es un momento político extenso que nos ha dispersado de manera regular. Nos sentimos solos y atravesados por la imposibilidad de hablar en conjunto al conjunto, de hablar en masa a la masa. Pues a tomar por culo, pues ya no hay masa, no hay conjunto que enfrente a otro conjunto. No hay un relato que enfrente a otro. El que conocimos hasta ayer resulto precario en todos sus aspectos y fue barrido fácilmente en los primeros días de la actual gestión. Los gestores del anterior relato se retiraron rápidamente a cuarteles de invierno a especular, esa regular y ya familiar forma de entender la política: jugar acá para mover por allá, apostar a esto para luego conseguir aquello, sumar con este (menos malo) para luego ir por y con los buenos a hacer quien sabe que….. Eso no es la política. La política es ocuparse de las cosas materiales e ir por muchas formas de resolverlas, materialmente. Pero nos han relatado mil formas de conspiración para lograr empoderar a los muchos que esperan y siguen esperando vivir un poco mejor, y no han mejorado en nada. Todo se desmadró en pocos meses, y los especuladores siguen especulando, mientras los miles o millones a los que nos jodieron con los cambios ocurridos seguimos escuchando a los grandes especuladores de la política (los mismos que hacían cuentas ficticias de entregar el gobierno por cuatro años para volver con el llamado de los más necesitados –sin importar las muertes que sufren los más necesitados y el hambre que pasan los más necesitados-). El momento político nos muestra qué juego hace cada uno de los especuladores: los que gobiernan, y los que gobiernan diciendo que no gobiernan –pues apoyan, acompañan, aseguran gobernabilidad, e incluso no apoyan sabiendo que otros lo harán y las cosas se harán igual.


Es un momento de transparencia en la cara y discurso de cada uno. Ya podemos observar, y esto nos dispersa más aun, que juego parejo hacen todos en este juego, donde una casta política se asegura su lugar en el estado (sea en la rosada o en el congreso o en las intendencias o en las gobernaciones o en los concejos deliberantes, no importa, un lugar en el Estado y un lugar en los medios para seguir en el candelero y en la intención televisiva del voto). Todos los representantes hacen su juego y ya, pues el único mal recuerdo que tienen es el 2001 (ese patético grito clasemediero que reaccionó cuando le tocaron sus ahorros pero nos regaló como yapa el “que se vayan todos”, el no poder salir a la calle sin ser insultados. Y el buen recuerdo que tienen los políticos del 2001 es la represión y el tendal de 39 asesinados por el estado para que la política –la especulación, tal cual la entienden ellos- regrese a sus causes normales. Y ante este momento político que parece desesperante, nos sentimos dispersos, sin posibilidad de aunar esfuerzos, sin la posibilidad de actuar en conjunto. Aplacados y acallados por un coro de alcahuetes que al unísono dicen enfrentamiento cuando deben decir represión, que dicen reforma cuando deben decir reducción de derechos, que dicen conflicto de intereses cuando deben decir robo y estafa. Y los especuladores de la clase política están a la altura de las circunstancias. Y lo demuestran cada vez que hablan, pues no dicen, especulan: si apoyamos acá, obtenemos allá, si jugamos con este, relanzamos a aquel, si acompañamos esto vamos por aquello –ahora resulta que son todos genios de la política, todos Churchil al cuadrado-.

Ante este desmadre nos sentimos dispersos, pues no encontramos nada que nos una, ni nadie que nos guie. Pues no vemos aun que la única opción siempre ha sido actuar en la dispersión. No hacen falta grandes y grandilocuentes acuerdos donde unos muchos, en interminables encuentros “políticos” nos pongamos de acuerdo en un solo relato, ya lo pasamos mal y muy precariamente con estos relatos precarios. Lo que hace falta es actuar en la dispersión. Volver a ese instinto que nos dice que una represión es una represión y un asesinado es un asesinato y una desaparición es una desaparición. Y no necesitamos convencer a nadie de esto. Lo sabemos. Allí actúa nuestro instinto de animales polítizados y experimentados en vivir. Vivir lo vivido y actuar sobre lo que sabemos que debemos hacer. Pues sabemos que debemos actuar, y eso ya es mucho. Pero debemos actuar en la dispersión, sin necesidad de juntarse en muchedumbres a enfrentar algo que además nos constituye, pues cuando queremos en masa enfrentar al estado, nos enfrentamos a nosotros, a los especuladores (que cuando nos ven juntos se acercan para la foto y nos dicen que nos acompañan y nos apoyan –y como son buenos oradores /viven de eso, de ser buenos oradores/ les creemos, y nos vuelven a engañar pues cuando regresan a sus puestos, hacen todo lo que esté a su alcance para no soportar otro 2001, otro “que se vayan todos”).



Por eso, la acción en la dispersión es hoy la única opción. Y como hacerlo? Pues ahí está depositado nuestro intelecto, en saber actuar ante la casta transparentada que votará todas las leyes que nos denigraran de aquí y en muchos años, “para no hacerle el juego…..” esta vez ya no saben a quién. En esta dispersión que sentimos y sufrimos en el cuerpo, hay que preparar acciones pedagógicas, políticas, sociales, económicas, todas directas y contundentes. El no de cada uno a lo que se impone es una acción en la dispersión. La desobediencia a lo dicho por la casta y sus repetidoras es una acción concreta en la dispersión. Dejar de creer en cada uno de los “representantes” de la especulación política es una acción en la dispersión. No permitir que nos convoque ningún político (aunque nos duela, porque en algún lugar les “creemos”) es una acción en la dispersión que obligará a esos “representantes” a hacer otra cosa. Actuar en cada lugar donde esté nuestro cuerpo, con actos que repudien la acción represiva/discursiva de un Estado defendido por cada miembro de la casta política es una acción en la dispersión. Estamos dispersos, si, muy dispersos, y muchos nos sentimos “solos” ante el avance de una gestión que tiene el apoyo de toda la casta política (aunque muchos digan que no lo hacen, pues lo hacen, por eso votarán las peores leyes de los últimos 40 años en bloque –y a no engañarse, las “honrosas excepciones” están calculadas, pues quienes voten en contra lo hacen sabiendo que las leyes salen, y si les toca gobernar, el “trabajo sucio” ya está hecho y le echarán la culpa a otro –“fueron los anteriores, es la herencia que nos dejaron y no podemos cambiarla de un día para el otro”…)

En esta dispersión hay que actuar, repudiando cada dicho, cada declaración de un representante, cada acción de represión con actos que saboteen el entendimiento de lo que hacen. Decir no a toda la ficción es una forma de actuar en la dispersión. Hacer pedagogía en cada lugar que uno ocupa es actuar en la dispersión. Desandar cada ruta marcada por la casta es actuar en la dispersión. Y armar pequeños grupos de acción en la dispersión también es actuar en la más amplia dispersión. No importa una convocatoria “unificada” a una plaza….desde cuando son efectivas? Y vemos que se pierde un tiempo increíble discutiendo entre miles de grupos si hay que hacer tal o cual cosa, y siempre mirando de “no hacerle el juego a…….”. Ya basta con esa forzada unidad en la acción. La acción en la dispersión demuestra miles de unidades y voluntades que accionando en miles de formas cotidianas, o en miles de pequeños grupos que no necesitan estar en contacto entre ellas, pueden significar una unificación de acción por acción atomizada y que reproduzca los miles de actos que saboteen el sentido común. Es hora de la acción en la dispersión, y que cada uno desde su lugar o cada pequeño grupo, sin necesidad de coordinar miles de voces, actúe, sabiendo que otros harán lo mismo en miles de lugares, en pequeños grupos o de manera individual, pero eso conforma un mar de acciones que en la dispersión conforman un movimiento que hace, no discute para ponerse de acuerdo con otros miles, simplemente hace. Y su orientación será hacer lo que se deba hacer ante la violencia, la injusticia, la inequidad. Sin necesidad de discusiones semánticas, que no conducen a nada, pues solo la acción conduce, el resto es el decorado de la casta.

Miles de acciones directas en la dispersión desobediente nos mantendrán en contacto.


Saber de miles de acciones que desarmen el andar común de las cosas. Una acción enorme englobada en miles de acciones en la dispersión que disloquen lo resuelto por el sentido común. Lo demás no importa nada.

jueves, 7 de septiembre de 2017

Dossier a partir de Santiago Maldonado: Desaparición forzada en democracia


escriben:
Pablo Hupert
Ariel Pennisi

Dicen que compartir un puñado de sobreentendidos es condición para tener una discusión. El otro día, en una mesa de siete, constatamos que cada uno discutía contra un fantasma diferente y no con el cuerpo sensible que tenía al lado.

Dónde está Santiago Maldonado era la pregunta que nos llevó a esa mesa luego de la masiva marcha al mes de su desaparición. Al mismo tiempo que se imaginaliza el debate público como fabulosamente ordenado por una grieta enorme que lo recorre de punta a punta, el campo de la discusión pública prolifera lleno de cuestiones que despejar antes de poder decir algo, o lleno de discusiones que afrontar para poder no litigar contra fantasmagorías caleidoscópicas. La fragmentación es tan grande que no hay sobreentendido ni discusión posible. Buscando alguna densidad mayor que la fantasmal, recurrimos a cierto gesto racional, que nos puso a conversar, y a escribir, y a publicar.


20 fragmentos sobre la desaparición forzada en democracia, a partir de Santiago Maldonado

 por Ariel Pennisi
La desaparición forzada de Santiago Maldonado reúne una dimensión inconmensurable, en el sentido de que vale por sí misma a la hora de marcar su gravedad y su carácter disruptivo respecto de la vida democrática, y una dimensión que la inscribe en series posibles: desde ese punto de vista "se mide" con desapariciones anteriores sin dejarse absorber en enunciados del tipo "es una desaparición más". El problema pasa por establecer los criterios de su singularidad y de la/s serie/s que convocaría.
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Desaparecedores que no son dictadores

 por Pablo Hupert
La desaparición forzada de Santiago Maldonado nos trajo perplejidad y miedo. Y varias preguntas. Podemos pasar del miedo al terror paralizante o del miedo al pensamiento-movimiento. Y pensar, podemos pensar con acciones callejeras, organizativas o comunicativas, entre otras que la imaginación política produzca (y viene produciendo). Y también podemos pensar afinando algunas preguntas, convirtiendo la perplejidad en pregunta y problema a trabajar. Esto último pretenden hacer estos apuntes.
para leer el texto completo, ingresá aquí.

martes, 29 de agosto de 2017

Entre el Estado posnacional y la Governance corporativa. Nuevas gramáticas de la dominación y de la autonomía.

El viernes 18 de agosto, en la Facultad de Ciencias Sociales, Universidad Nacional de Córdoba, se realizó la Presentación de publicaciones y Ronda de pensamiento:

Entre el Estado posnacional y la Governance corporativa. Nuevas gramáticas de la dominación y de la autonomía.



Con la participación de Pablo Hupert, autor de El Estado posnacional. Segunda edición. Editorial Quadrata y Pie de los hechos. Bs. As. 2015. El libro se propone conceptualizar el Estado contemporáneo sin reducirlo a las teorías clásicas sobre él ni a las declamaciones nacionalistas o institucionalistas de sus funcionarios. Sugiere lineamientos para pensar la pregunta: ¿Qué Estado puede gobernar entre flujos transnacionales y autonomías territorializadas? La edición cuenta con la colaboración de Sandro Mezzadra y Brett Neilson, Amador Fernández Savater, el Frente Ciudad Futura y el Mercado Solidario de Rosario y entrevistas a Giuseppe Cocco y el Colectivo La Tribu, entre otros.
Participan también Mauricio Berger y Cecilia Carrizo, coordinadores del Dossier Governance Corporativa, Revista Administración Pública y Sociedad N°3. Instituto de Investigación y Formación en Administración Pública, Facultad de Ciencias Sociales, UNC. 2017.
El dossier presenta la traducción de un artículo de Poul F. Kjaer, que propone una sociología de las instituciones intermediarias para dar cuenta del rol clave del derecho en el corporativismo, el neo- corporativismo y la governance, mientras que el comentario realiza una lectura crítica de estas relaciones entre sistemas autopoiéticos, el sistema de representación de intereses de las corporaciones y el del derecho.

viernes, 2 de junio de 2017

Reversible e irreversible en un Estado posnacional

La ley de medios fue anulada antes de ser aplicada, y la de Salud Mental ve cada vez más lejana su dificultosa implementación. ¿Qué Estado es ese en que las leyes son reversibles? El ConectarIgualdad, proyecto presentado como sarmientino, languidece tras sólo seis años de vida.[2] ¿Qué Estado es ese en que las instituciones son mudables? Los vecinos parecen haber adquirido el derecho al gatillo fácil. ¿Qué soberanía es esa en la que la violencia legítima no permanece monopolizada por las fuerzas autorizadas?
Algunos critican al kirchnerismo el haber armado una red de conquistas lista para desmontada en un verano. Los sindicatos fundados o expandidos bajo el escudo del Estado entre 1943 y 1955 sobrevivieron por décadas a la caída del gobierno que los apadrinó. Si el kirchnerismo es una deriva del peronismo, no se puede decir, ciertamente, que sea tan sólido como el inicial. Pero los historiadores no convertimos una diferencia histórica en un reproche; si hay una diferencia histórica preguntamos por las condiciones históricas en que, diferentemente, se dan las cosas.
Queremos un materialismo de los cuerpos, los lenguajes y las subjetivaciones: uno situacional. La noción de Estado posnacional,[3] que amablemente la revista Orillera me invitó a referir, apuesta a, historizando el Estado argentino, situarnos materialmente. Fue parte necesaria de esa estrategia, evitar pensar en vueltas (del Estado, de la ISI[4], de la militancia… incluso de los ‘90). Después de un acontecimiento como 2001, no podía haber repeticiones.
Está bien no creerle al gobierno actual y subrayar cómo transfiere excedentes hacia los sectores más concentrados. Pero también necesitamos ver las prácticas no económicas que hacen realidad, subjetividad, sociedad: derechos humanos, 'tecnopolismo', emprendedorismo, el ascenso de la violencia contra las vidas no patriarcales, trivialidades como la foto del piquito en la ONU o la cárcel a los “terroristas twiteros”. Tras las discontinuidades en los "modelos de país" y los "estilos de gobierno", verificamos continuidades 'estructurales' en el sistema político. Se han señalado las del sistema económico (extractivismo, reconocimiento de la deuda externa, financiarización, gentrificación, narcotráfico, etc.); pero nos parece también estratégico que notemos las dinámicas (inherentes al Estado, y no al ideario del gobernante) políticas que tienden a separar al común de su tendencia constituyente y su potencia de condicionamiento de las políticas públicas del propio Estado.

Seremos esquemáticos. Si el Estado-nación gobernaba ciudadanos (sujetos formados en instituciones), el Estado posnacional gobierna consumidores (sujetos que se ‘forman’ si están en el mercado). Si el nacional establecía con la sociedad una relación de representación, el posnacional imaginaliza esa relación. Si el nacional administraba y centralizaba, el posnacional gestiona ad hoc. Si el nacional dependió de domesticar las autonomías provinciales, el posnacional dependió de modular una potencia opaca: 2001. Si el nacional dependía de conformar un mercado nacional e insertarlo en la relación centro-periferia, el posnacional, de aceptar un mercado global que no puede conformar ni regular.[5]
Cuando hablamos de la forma del Estado, hablamos de algo que tiene más duración que un gobierno. En este sentido, deberíamos encontrar continuidades decisivas no solo entre los diversos gobiernos kirchneristas sino entre estos y el actual –las señaladas. Sin embargo, empleamos la noción de forma entre signos de interrogación, pues otra continuidad importante del Estado posnacional es el carácter decisivo del gobierno, que no queda constitucionalmente subordinado a las instituciones 'del' Estado. En este sentido, Foucault, trastocando el sentido común de la ciencia política, lanzó que el Estado “es el correlato de una manera de gobernar” y que el gobierno no es uno de los órganos del "monstruo frío".[6] Radicalizando esta línea, F. Orellana señala que, aunque “el monopolio de la violencia física es un atributo de la estatalidad…, en las condiciones actuales, donde chorros, policías y [vecinos o] rottweilers ejercen abiertamente su violencia, se hace preciso gestionar este rasgo intrínseco de lo estatal. Tal vez, eso quería significar ese extraño sustantivo: gobernabilidad. Que la capacidad de los gobernantes para gestionar una estatalidad es algo que se les escapa todo el tiempo. Que para poder gobernar entre policías, chorros y rottweilers hay que estar recordándoles a cada momento ese detalle, que hay un Estado.”[7] Los rasgos definitorios de la estatalidad posnacional no quedan instituidos, pues no consolida su soberanía exclusiva sobre su territorio, y el gobierno debe gestionarlos cada vez. El continuo “ensayo y error” que practica el gobierno Cambiemos deben verse bajo esta luz también: no son tontos, sino que tantean la gobernabilidad (y así gestionan la estatalidad de esa nube de dispositivos que llamamos Estado, y así logran mandar).
Desarrollemos esos rasgos claves. Uno es que el predominio del capital financiero por sobre el productivo (sea este industrial o primario) y del mercado global por sobre el nacional precariza las relaciones laborales, aun si se anula la ley de flexibilidad laboral o se dispone la doble indemnización, y las sociales en general; las formas de inserción en el mercado son múltiples y frágiles. En estas condiciones, las organizaciones populares no tienen tanto la forma de sindicatos como de “organizaciones sociales” menos institucionalizadas, y la inserción social del trabajador no se basta con un empleo y requiere del apuntalamiento del Estado (apuntalamiento cuyo nivel variará con las diferentes alianzas gobernantes pero que en todo caso es, a diferencia de la de tiempos de ISI, “para-laboral”). Por otra parte, y a la vez, el mercado se extiende a casi todas las esferas de lo social (Lewkowicz hablaba de “mercado radicalizado” y Negri, de subsunción real de lo social en el capital), aun si no está Cavallo en el ministerio de economía. Luego, y aquí viene otro rasgo clave, el sujeto a gobernar se constituye más en el mercado que en las instituciones del Estado. No es tanto un ciudadano como un consumidor, menos constituido por sus derechos y obligaciones que por sus gustos y aspiraciones. Si los ’90 excluyeron al que no podía consumir, y el estallido de 2001 puede también verse como un estallido de consumidores, el kirchnerismo debe verse como una tecnología de gobierno que responde a eso incorporando a su ecuación de gobernabilidad que “todos” deben poder consumir; aparecía el consumidor subsidiado. El kirchnerismo, en su disociación (funcional) entre prácticas que respondían con mucho realismo a las condiciones contemporáneas e imágenes que mostraban sus prácticas como retornos, quiso hacer coincidir la figura del consumidor con la del ciudadano, pero el consumidor-votante ya no trabaja en un capitalismo industrial sino en uno financiero: no es ya un trabajador (para limitarnos a los sectores populares), sino un empresario de sí mismo. A este, señala A. Pennisi, se lo interpeló como vecino en la campaña electoral de 2015 desde las tres fuerzas mayoritarias, y ya no como compatriota; esta interpelación indica una transformación subjetiva efecto de la inserción mercantil que los gobiernos posnacionales debieron apuntalar para asegurar la gobernabilidad luego de 2001 y 2002. Ya no se trata de facilitar consumo para todos sino de promover emprendedorismo para todos. La Ciudad imparte gratuitamente cursos de eso[8] -y los gobiernos anteriores impartían talleres para microemprendedores.
Otro rasgo clave del Estado posnacional es la imaginalización. La “crisis de representación” no se revierte y las necesidades de semiosis se resuelven con dispositivos que no entablan una relación de representación de la realidad/sociedad. Este es el supuesto representativo básico:
“El pueblo es quien tiene la última palabra. Decimos bien pueblo y no gente, porque esta última categoría en tanto consumidora de imágenes generadas por los animadores mediáticos y encuestas, parece haber reemplazado al pueblo de ciudadanos concebido como agente soberano de decisión.”[9]
O sea que la representación republicana supone algo que ha dejado de haber: un pueblo de ciudadanos. La imaginalización, en cambio, supone que el pueblo ha sido reemplazado por gente consumidora de imágenes. Lo podemos comprobar cuando constatamos que también los políticos han devenido “animadores mediáticos” (manifiestamente, cuando Macri se pone a bailar o cuando Kirchner invitaba al helicóptero presidencial a los noteros de CQC; más sutilmente, cuando opinan lo que las encuestas recomiendan y extraen su legitimidad de ello; más claramente, cuando la opinería en redes sociales se torna decisiva para el gobierno).
La imaginalización es una dinámica muy adecuada para tiempos de crisis social permanente y ordenamientos precarios (o ‘astitucionales’). Pues, allí donde la representación se ve ya impotente de articular coherentemente, la imaginalización se muestra con poder de conectar profusamente. La imaginalización, como debe producir imágenes, sensaciones y palabras, no desecha sino que aprovecha, y muy bien, las imágenes de antaño, que logran gran circulabilidad, por la facilidad con que se conectan y circulan. Así es que, mientras la representación se presentaba como ideología o discurso, la imaginalización no se presenta como una entidad específica, sino que puede dar la imagen de ser ideología, discurso, ley, sentido común, o incluso la mismísima realidad (pues la performa). Mientras la representación producía y reproducía una cosmovisión o ideología, la imaginalización desparrama un flujo de obviedad. Mientras la ideología argumentaba y convencía, la imaginalización moviliza sensaciones y seduce.
Otro rasgo decisivo: la gestión ad hoc. La multiplicidad de intereses, la heterogeneidad de los elementos sociales, no es encuadrada en una ley sino gestionada punto por punto de modo de asegurar la gobernabilidad. Un gobierno que aplica la ley restablece un orden, devolviendo a cada parte social a su lugar, tantas veces como haga falta –y recurriendo a la fuerza si es necesario. La gestión, en cambio, es condicional, puntual. Como la ley nacional, no resuelve las causas del conflicto social, pero, a diferencia de la ley, no institucionaliza la tramitación de los conflictos (como podía hacerlo un sindicato, por ejemplo). La gestión requiere un estudio ad hoc de cada caso, y por supuesto tratativas, medidas, actas, cláusulas, procedimientos, recursos humanos y materiales también ad hoc. Sin duda que hay un aprendizaje, y algunos procedimientos pueden volver a aplicarse (como las recurrentes mesas de gestión), pero como no hay un ‘manual’ (cual sería la ley) también eso debe verse en cada caso. La gestión es gestión de contingencias, y no administración de recurrencias. Si no puede haber rutinas en los procedimientos necesarios para gobernar, tampoco habrá instituciones (sino astituciones[10]). La precariedad institucional es el precio que el Estado actual debe pagar para seguir siendo Estado.
La gestión ad hoc se corresponde con otro rasgo clave: la descentralización. No se trata de una disminución del poder ejecutivo de las autoridades llamadas nacionales (que han visto aumentadas sus facultades, sobre todo presupuestarias, así como la cantidad de ministerios, desde los años '90), sino de un aumento de la autonomía de las provincias, municipios y reparticiones públicas en general -lo que muchos han llamado territorialización del poder o fragmentación del poder. Por caso, el Ministerio de Educación de la Nación no tiene escuelas: no centraliza cotidianamente la actividad educativa. Esto viene obligando a una gestión constante de la relación entre el supuesto centro y su supuestamente subordinada periferia, se trate de la política hidrocarburífera, la implementación de una ley o un programa "nacional". Esto es marcado en la relación con los intendentes y gobernadores (los que por lo demás se coaligan de formas no previstas en la Constitución) o entre políticos de distintas coaliciones. El FPV lo llamaba transversalidad y el Pro, trabajo en equipo, y sin duda dan connotaciones diversas a esas palabras, pero indican una misma práctica inherente al Estado posnacional: las jerarquías de mando diseñadas en la Constitución tienen un funcionamiento más fluido e imprevisible, donde la pirámide se combina con la red de formas variables. Macri reunió a 2000 intendentes en Tecnópolis el 7/10, en el seguramente primer plenario de intendentes argentinos en 200 años.
Otro rasgo que marca al Estado posnacional es 2001. En un comienzo, debió lograr gobernabilidad sobre el poder destituyente de que se vayan todos y la constituyente potencia de articular lo social de asambleas, fábricas recuperadas y otros movimientos sociales. Dos conjuntos de estrategias puso en marcha: por un lado, la concesión, la seducción y/o cooptación de esos movimientos; por otro, la satisfacción mercantil de sus demandas, o inclusión. Debido al éxito de estas estrategias, más recientemente el Estado argentino debe lograr gestionar la satisfacción del costado reactivo de 2001; ya no el movimiento social sino el vecino, ya no la cooperativa de trabajo, sino el emprendedor (individual o societario). La diferente afectividad que mostraron el gobierno de comienzos del Estado posnacional y el actual debe mucho a la remisión de la experiencia de la potencia de articulación del común por sí mismo de los tiempos de 2001 y la concomitante expansión de la experiencia de hostilidad de lo social en condiciones de globalización y liberalismo existencial (Tiqqun). La espectacular ola de linchamientos de 2014 mostró esta evolución y planteó la necesidad de pasar de una ecuación progresista de gobernabilidad a una vecinocracia explícita.
Termina esta breve sinopsis de las continuidades en las prácticas de gobierno. Aparecerá, sin duda una objeción, que preguntará si las representaciones de los gobernantes no acarrean diferencias prácticas en sus prácticas. Por supuesto, aunque no como causas, sino como fuerzas entre fuerzas. La kirchnerista representación restauradora de la Nación y su Estado de bienestar junto a las prácticas propagadoras del mercado radicalizado incapacitaron a ese movimiento para pensar la subjetividad reactiva que generaba, la sociedad financiarizada que avanzaba, el Estado flexible que expandía. En este sentido, el macrismo ­­–pero también sciolismo y masismo­– aporta, a esos sujetos, una representación y una sensibilidad más adecuadas a sus inclinaciones, y al gobierno, una ecuación de legitimidad obscenamente regresiva.
Gobernabilidad adecuada en esta coyuntura, pero no sabemos si sostenible en el tiempo. ¿Lograremos presentar un ingobernable sobre el cual las tecnologías de gobierno más modernas no puedan imponerse?

[1] Revista Orillera n°2, Universidad Nacional de Avellaneda, otoño de 2017. El artículo fue escrito entre setiembre y octubre de 2016. Disponible en https://issuu.com/revistaorillera/docs/orillera_02-20161228
[2] Clarín, 6/4/10.
[3] El Estado posnacional. Más allá de kirchnerismo y antikirchnerismo, Quadrata-Pie de los Hechos, 2015 (reedición ampliada).
[4] Sigla para "industrialización por sustitución de importaciones", definitoria de la economía argentina hasta la última Dictadura.
[5] Ver S. Mezzadra y B. Neilson, “El Estado de la globalización” (en la edición ampliada de El Estado posnacional).
[6] El nacimiento de la biopolítica, FCE, 2007, 21.
[7] Linchamientos. La policía que llevamos dentro, Quadrata-Pie de los Hechos, 2015.
[8] http://academia.buenosaires.gob.ar/informacion: “Academia Emprende es un programa de capacitación gratuito con foco en habilidades emprendedoras y metodologías ágiles para resolver problemas pensado y creado para todos aquellos que quieren crecer profesionalmente, comenzar un emprendimiento o expandir un proyecto ya existente. Academia Emprende tiene modalidad presencial y virtual [y es gratuito]”.
[9] N. Botana, Poder y hegemonía. Emecé, 2006, 53-4.
[10] Ver www.pablohupert.com.ar/index.php/tag/astitucion/.


viernes, 7 de octubre de 2016

Presentación de El Estado Pos Nacional / Linchamientos [en ROSARIO]



Desde la Universidad del Hacer invitamos a la presentación de la obra colectiva “Linchamientos” y “El Estado Pos-Nacional” de Pablo Hupert, dos libros que apuestan a leer la época, desde sus síntomas o desde la mutación de sus dispositivos institucionales.
Leer las actuales condiciones neoliberales pasa, necesariamente, por reajustar el balance de la etapa precedente, para entender la trama de discontinuidades, pero también de continuidades, de la que resulta la coyuntura actual.

Esperamos que esta actividad aporte a un entrecruzamiento pleno de consecuencias entre el trabajo de la innovación conceptual, que busca nuevas formas de pensar la ontología del presente, y la innovación militante, que se propone desarrollar nuevos haceres que lleven ese presente más allá de sí mismo, prefigurando otros modos de vivir juntos y gestionar lo común.


Disertan:
Pablo Hupert
Ariel Pennisi
Franco Orellana

¡Los esperamos!

Viernes 17/06/16. 18hs.
Casa Fractal. España 1858. Rosario

Organiza: Universidad del Hacer


lunes, 3 de octubre de 2016

Entrevista de "Fábrica de Fallas" a PH por El Estado posnacional

       
Mail del periodista de FM Gen: «Te envío las infografías así le das una mirada. Espero que sirvan para difundir el libro, mucha gente que escuchó la entrevista me preguntó si valía la pena comprarlo y la respuesta siempre fue un contundente sí jaja. Al menos a mí me abrió la cabeza y ando posnacionalizando todo...» Lautaro Lescano


miércoles, 13 de abril de 2016

Redes de luchas como nuevas instituciones de lo común. Una conversación con Michale Hardt.


Por Mauricio Berger *

1. Introducción: Los aprendizajes de las luchas ambientales en América Latina.
En el contexto de las luchas contra la desposesión de bienes comunes, territorios y derechos en América Latina, el interés de nuestra investigación ha sido y es la actualidad de las prácticas políticas desde los afectados directos e indirectos,  desde las tramas solidarias y cooperativas entre diversas experiencias, conformando redes de luchas ambientales contra los agronegocios, la mega- minería, la construcción de mega-emprendimientos energéticos e infraestructura (represas, autopistas, expansión inmobiliaria) (Berger and Carrizo, 2012). Continuando una línea de investigación sobre auto- organización ciudadana en situaciones de contaminación ambiental, nos abocamos en un nuevo proyecto a relevar experiencias de Argentina, Brasil y México[1]. A partir de identificar y entrar en contacto con experiencias como la red de Pueblos Fumigados en Argentina, la Asamblea Nacional de Afectados Ambientales de México (ANAA) y la Red Brasilera de Justicia Ambiental (RBJA),  pudimos  conocer e interactuar con algunos de sus protagonistas y espacios de trabajo y acción. Algunas de las preguntas que orientaban nuestra indagación y que a la vez proponíamos como puntos para una reflexión compartida en las redes fueron ¿de qué forma estas redes contribuyen a poner en común significados, interpretaciones, marcos, estrategias, acciones en la defensa de derechos ambientales, es decir, en qué modo las redes potencian la acción de las luchas; ¿Cuáles son las condiciones de posibilidad y sostenimiento de las redes frente a la institucionalidad del sistema oficial- estatal? ¿Qué poder tienen las redes para potenciar las luchas y conflictos locales y regionales en América Latina?
En lugar de remitirnos al tradicional análisis de redes sociales para cartografiar la configuración de las interacciones entre partes o nodos de la red, caracterizar atributos, intensidad y flujos de estos intercambios, el uso que hacemos del término red se vinculó en una primera instancia a la posibilidad de pensar una forma organizativa de las luchas (Schlosberg, 1995), de la  que no diremos novedosa en relación a su propia historia, sino que la actualidad de las prácticas políticas en las coordenadas de la globalización capitalista es lo que le otorga relevancia y renovado interés (Castells, 2009). La diferencia de los actores tradicionales del sistema político tales como partidos, sindicatos y porqué no decirlo, polémicamente, los propios movimientos sociales, delinean un límite para pensar la potencialidad, la creatividad, la inteligencia colectiva de estas luchas no sólo en contra del avance de la desposesión sino también contra la misma burocratización, modulación, bloqueo y parálisis de la acción política. 
Los contextos político- institucionales de estas experiencias más allá de las configuraciones políticas neoliberales o post- neoliberales, tienen en común el auge del llamado extractivismo (Martinez Alier, 1995;  Gudynas, 2009; Mezzadra, 2013), una explotación a gran escala de los bienes comunes sobre la base de la desregulación y re- regulación proactiva hacia los intereses económicos de las corporaciones y gobiernos y en detrimento de las garantías y derechos colectivos, por un lado, y las renovadas estructuras del llamado eco- capitalismo . Ya sea en el marco de acuerdos y negociaciones por el Tratado de Libre Comercio de América del Norte en México (Rosas Landa, 2014), del Plan de Aceleración del Crecimiento en Brasil (Malerba, 2014;  Acselrad, 2010; Almeida,  2010) o del Plan Estratégico Agroalimentario en Argentina (Gras y Hernandez, 2009; Carrizo y  Berger, 2013) el avance de la llamada acumulación por desposesión (Harvey, 2004) no distingue fronteras nacionales e institucionales sino que las subsume en las nuevas segmentaciones de una pretendida soberanía capitalista por sobre las soberanías de los estado- nación y de la soberanía de las luchas por derechos.
En este contexto, y con los interrogantes previamente planteados, nuestro trabajo logró identificar como algunos de los principales rasgos distintivos de dichas luchas, su configuración rizomática en una amplia diversidad de organizaciones, colectivos, personas y personalidades que la componen: afectados, académicos, sindicatos, ONGs, movimientos de mujeres, comunidades indígenas y campesinas, profesionales, entre otros. Lejos del centralismo democrático de los movimientos, las redes definieron instancias de coordinación abiertas, colectivas y rotativas, como asambleas y encuentros regionales (Pueblos Fumigados), Colegiados Políticos y encuentros nacionales (RBJA), Consejo de Representantes y Asamblea Plenaria (ANAA), con esfuerzos cotidianos para hacer posible una horizontalidad práctica, que combine la posibilidad de deliberación y acuerdos colectivos básicos con la autonomía de cada nodo u organización integrante de la red. La amplia diversidad compositiva se expresa en estas experiencias no sin conflicto, la multiplicidad de lenguajes y formas de vida que se encuentran no siempre pueden llegar a elaborar consensos sin la amenaza de ruptura o parálisis de la acción, pero  al mismo tiempo la posibilidad de que esas diferencias se expresen renueva y coloca el desafío de una democratización permanente en las propias luchas.  Una comprensión de la diversidad de tácticas y estrategias ha permitido superar algunos obstáculos de la organización en lo que concierne a los problemas para definir conjuntamente planes de acción, mismo así la actuación en distintos contextos de interacciones o escalas (Smith, 2002) de los problemas: local, nacional, regional, inter y transnacional.
En la búsqueda de herramientas conceptuales para adensar la comprensión de estas características de las redes, nos encontramos con desarrollos teóricos que inspiran a pensar en las mismas también como una emergente forma de institucionalidad política, de tipo móvil, nómada, inestable tal vez, que recupera tradiciones de organización sindical pero a la vez rompe con ellas. Desde una auto- lectura crítica de los logros y dificultades de las luchas, desde la crítica radical a las estructuras de la representación política estatales, partidarias, movimientistas, y desde los renovados esfuerzos por hacer posibles acontecimientos políticos. 

2. Aprendizajes de la red conceptual de la Teoría de la Multitud y el Imperio.
La trilogía “Imperio”, “Multitud” y “Commonwealth” de Michael Hardt y Toni Negri (2001; 2004; 2011) puede ser leída como una sistematización de discusiones en la teoría y filosofía política y social (marxista, spinoziana, vitalista, biopolítica y post- estructuralista,  y del pensamiento político en la vertiente del marxismo autonomista, el operaísmo italiano, el zapatismo y los movimientos contra la globalización y las distintas olas de protestas y acciones recientes en América Latina). Este desarrollo teórico y práctico- político ha permitido conceptualizar la transición del esquema de la soberanía de los estado- nación hacia los procesos de desterritorialización y reterritorialización de actores, instituciones y procesos políticos en el mundo de la globalización capitalista. Los procesos de transnacionalización del capital conllevan una nueva forma soberana, la de una administración imperial (empresas y organismos transnacionales que ejercen el gobierno global) en la cual cada estado cumple una subordinada función de comando local. La soberanía por lo tanto no se puede localizar en un estado o institución o un centro de poder sino que se trata de una soberanía dispersa, difusa, que opera distribuidamente en forma de redes: en la economía de servicios que es el nuevo motor del capital, el poder se organiza en los espacios de los flujos financieros, de información, migratorios, entre otros. Tampoco la soberanía estatal en este contexto sigue teniendo como reverbero la figura de la moderna soberanía popular. Emerge en su lugar, para esta perspectiva, la Multitud, como una nueva subjetividad política, múltiple, diversa, que se expresa políticamente no por la toma del poder sino por su rechazo, por un estar en contra y una desobediencia radical como acción política. También por lo que se juega en las demandas de producción y reapropiación de lo común que ha sido expropiado y capturado por el capital, desde los bienes comunes “naturales” (tierra, agua, biodiversidad) al común social (saberes, arte y cultura, habilidades socio, comunicacionales y creativas) para los procesos de acumulación: el general intellect.
Este último concepto, tomado de Marx, refiere al saber social acumulado: información como saber hacer, conocimiento sistémico, o comprensión como potencial acción, conocimiento personal como trasfondo cultural de cada individuo y procesos de especialización individual como mecanismos de parcelación del conocimiento personal en función del conocimiento social (Fumagalli, 2010). La captura, modulación y explotación del general intellect es lo que configura las modalidad de un capitalismo cognitivo, es decir, un régimen de acumulación que se funda en la apropiabilidad y control del saber y del conocimiento social. Mientras que en el capitalismo industrial la aportación de cada individuo resultaba medible sobre la base de la cantidad de mercancía física co- producida en una unidad de tiempo dada, en el capitalismo cognitivo el proceso de acumulación tiene su origen en una estructura reticular, el conjunto de flujos y regulaciones que son capaces de generar una cooperación social sin la que éste no podría existir. La aportación al proceso de acumulación no se mide individualmente sino por la interdependencia que es capaz de desarrollar con otros nodos de una red: en el capitalismo cognitivo no hay productividad individual sino productividad social en red. De manera que el general intellect es tanto el eje del proceso de acumulación como el eje de las demandas de reapropiación de la Multitud para un proyecto revolucionario. En esta lucha global juega un papel clave la construcción de una institucionalidad propia de la Multitud, que también toma las formas y procesos de las redes y el trabajo cooperativo pero en clave de producción y reapropiación de lo Común: las instituciones de lo Común.
La recuperación de la noción de institución de su concepción más ligada a la órbita estatal, es un intento de pensar  cómo sostener y expandir el poder constituyente de una multiplicidad de formas de  vida y subjetividades en una espacio y temporalidad de relaciones autónomas, en éxodo con respecto a las relaciones de dominio que  establecen tanto el Estado como el mercado (Hardt y Negri, 2004).  Hardt y Negri critican la acepción de la ciencia política y la teoría del derecho en la que la institución sirve a la fundación de un orden constitucional soberano, y revierten este punto al afirmar que las normas y obligaciones institucionales se establecen en las interacciones regulares y abiertas a un proceso de continua evolución, en el que las singularidades que componen la Multitud no transfieren sus derechos o poderes, y se oponen a la formación de un poder soberano (Hardt y Negri, 2011). Por su parte, Paolo Virno (2003; 2007), importante pensador de esta perspectiva, también argumenta a favor de la recuperación del concepto de institución como un concepto clave, en el marco de la crisis y metamorfosis de la forma Estado, para una política de la Multitud. Se entiende aquí las instituciones como los rituales que usamos para resolver las crisis de una comunidad, asumiendo que nuestras especies se protegen de la incertidumbre creando reglas para proteger su propia praxis. Entonces el debate no debería darse entre fuerzas institucionales y no institucionales, sino que deberíamos identificar aquellas instituciones más allá del monopolio de la decisión  política encarnada en el Estado (Virno, 2007).
Consideramos que los elementos que provee esta perspectiva aportan a pensar el poder constiyuyente de las luchas y de las redes de luchas en América Latina, en tanto que sus acciones muestran los límites de las estructuras estatales para defender lo público y los derechos. Una institucionalidad propia sobre la base de la autoorganización, la autoformación, la capacidad de definir los propios temas y cursos de acción, e inclusive una propia estructura normativa, no implica el riesgo de la burocratización, ni la despolitización como señalan algunas posturas críticas a la noción de institución.  Por el contrario, la recuperación del concepto de institución que nos aporta la Teoría de la Multitud revisada y ampliada a la vez con los aportes de las redes en América Latina (Berger, 2013) nos provee un horizonte de reflexividad y creatividad para sostener y expandir la potencialidad política de experiencias que producen y defienden espacios autónomos. Esta opción teórica y política no está exenta de problemas  que derivan fundamentalmente del salto que existe entre la conformación de lo común y la autoadministración de lo común en sociedades complejas,  de la toma de decisiones de forma democrática, la interacción de una multiplicidad de prácticas y en múltiples escalas, la institucionalización del reconocimiento y garantías de derechos, y la siempre conflictiva relación con el estado.
No le pedimos a la teoría que “solucione” estos problemas o brinde respuestas satisfactorias a sus inconsistencias, sino que sostenga marcos abiertos de diálogo, orientaciones, indagaciones posibles. Es así que en el marco de esta investigación tuvimos la oportunidad de realizar en 2012 una estadía de investigación en la Universidad de Duke con el Prof. Michael Hardt para trabajar en el marco conceptual del trabajo empírico sobre las redes de luchas ambientales en América Latina[2].

3. Conversación, marzo 2012, Duke University, Durham, Carolina del Norte. 
Mauricio Berger (M.B.):  Michael Hardt, la idea de esta conversación es llegar a un cierre de los intercambios que hemos tenido durante la estadía de investigación en Duke, en el marco del proyecto post-doctoral, “Redes de Justicia Ambiental en América Latina como instituciones de lo común”. El objetivo era construir un marco conceptual con las contribuciones de la Teoría de la Multitud y el Imperio. Mi hipótesis era pensar en estas redes como la generación de una institucionalidad política otra, pensando en formas experimentales de auto- gobierno a partir del ejercicio de un movimiento constituyente y destituyente de las redes contra el poder de los estados y las corporaciones en un contexto de problemas ambientales. Sin embargo un aspecto de mi trabajo que no estaba clarificado, paradójicamente, fue la cuestión de la soberanía. Tu consejo de clarificar y especificarlo me ayudó en términos de pensar el poder de las redes, esta relación entre un poder constituyente y poder destituyente, y la idea de “des-hacer” la soberanía (estatal, capitalista), en los términos de Alvaro Reyes y Mara Kaufmann[3]. Me gustaría preguntarte en primer lugar sobre cómo pensar entonces la soberanía en un mundo global, desde el marco de Multitud e Imperio, y como se relacionaría este concepto con el poder de las redes? Y qué importancia tiene el concepto de soberanía para una práctica de la Multitud?
Michael Hardt (M.H.): Parte de la dificultad del concepto de soberanía es la tradición del pensamiento político de la que proviene. Y esa tradición, la tradición europea de pensar la soberanía es primariamente sobre la estructura de control que es centalizada y  jerarquizada, y excluyente. El soberano, en una tradición (con Carl Schmitt) es definida por la unidad, el uno que decide. Y la soberanía delimita un territorio y un pueblo con la exclusión de otros, que es regulado y gobernado en una forma centralizada y jerárquica. En contraste, el término soberanía es usado por varios simplemente para designar auto-gobierno y auto-control, al estilo de “nosotros somos soberanos”. Creo que esto es particularmente complejo en movimientos políticos indígenas, no sólo en Latinoamérica sino también en Norteamérica y Australia. El discurso común sobre la soberanía, diría yo, es ambiguo en esos contextos. Ambiguo en el sentido de si se refiere a las mismas estructuras de reglas que conlleva el concepto en su tradición filosófica europea, o si la soberanía significa simplemente un mencanismo de auto- gobierno, de autonomía. Me inclino mucho más a pensar que el auto- gobierno- junto con estos modelos horizontales de las redes- como una governance no soberana, y por no- soberana no quiero significar fuera de control o aleatorio sino más bien la construcción de mecanismos de auto- gobierno que tienen diferentes características al menos en tres sentidos: no están centralizados, no son jerárquicos y no están externamente delimitados. Otra característica es que están abiertos a todos, basados en la igualdad y toma de decisiones colectivas. Ciertamente varios de los movimientos en red contienen elementos de este auto- governance no soberano, y por lo tanto creo que aquí hay mucha correspondencia entre lo que pienso como cierta forma de experimentación que hay en las redes y esta reflexión que realizo sobre la soberanía.
M. B.: Una idea que expresaste en nuestro último encuentro fue que para ciertas discusiones la idea de redes parecería ser antitética con la de instituciones, pero en tu trabajo con Toni Negri, en las coordenadas del pos- fordismo y el trabajo biopolítico, ustedes dan cuenta de cómo el capital trabaja en la forma red pero también como allí la Multitud de apropia y re- apropia de esta forma en el mismo campo de batalla. Por un lado podríamos decir que en este contexto las redes se acercan a las características de las instituciones, como acabas de describir, pero por otro lado no tendrían tales rasgos, por ejemplo, la falta de una capacidad normativa, o a veces esta estructura abierta de las redes difícilmente consolida hábitos colectivos. Estoy pensando en los arreglos y estructuras nómades y móviles de las redes hacia una idea de instituciones. Luego, con la noción de Instituciones de lo Común que Ustedes han elaborado, podemos pensar las redes como instituciones. Trayendo las experiencias con las que he interactuado en Latinoamérica, podemos ver que hay una experimentación que combina estas estructuras abiertas con formas organizacionales en las cuales hay debates sobre las reglas y la representación, orientada hacia una toma de decisiones democráticamente, más cerca de los términos que mencionaste de un auto- gobierno no- soberano. Hasta qué punto entonces podemos considerar las redes con el concepto de instituciones de lo común, o podemos pensar las redes como las nuevas instituciones de lo común?
M.H.: Estoy totalmente de acuerdo contigo que la noción de red como modo de organización no es una respuesta sino un campo de batalla. Las redes no son necesariamente buenas o malas, creo que con lo que tenemos que luchar es sobre qué tipo de redes y cómo están organizadas. Por eso cuando dices- que creo que es exactamente correcto- movimientos democráticos e igualitarios están organizados como redes, pero igualmente cierto es que el crimen, el narcotráfico y las corporaciones capitalistas están organizadas en red también. Por eso lo que hay que decir al respecto es entonces las calidades de las estructuras o conexiones de las redes. Para mi y para Toni la cuestión de la institución... déjame darte dos ejemplos prácticos que nos llevan en esta dirección. Uno de estos es sobre la auto- crítica que fue común en el movimiento contra la globalización, sobre lo efímero de los levantamientos, particularmente en Argentina creo. Tu sabes, en el movimiento post- asambleario del 2001 hubo mucha de esta auto- críttica, quiero decir, hubo crítica desde afuera pero también una auto- critica de aquellos involucrados en la falta de permanencia- no me refiero a permanencia en el sentido de “para siempre”, sino de falta de duración. Y por ello parte de la cuestión de las instituciones viene de pensar sobre hacer movimientos y relaciones políticas duraderos, la cuestión de la duración, la naturaleza de ello. Hay otra forma en la que Toni y yo llegamos a esto,  en algún sentido mucho más práctico, en términos del referéndum por el agua en Italia el año pasado (2011), en contra de la privatización del agua, en algún punto no tan disímil de lo que pasó en Bolivia en el 2000.  El movimiento por el referéndum fue conducido en nombre de hacer el agua común, pero se hizo claro que más que devenir común, el rechazo a la privatización reafirmó la naturaleza del control del agua por estructuras estatales. Entonces fue claro para aquellos involucrados en el movimiento que para hacer que el agua sea un bien común, y lo que quiero decir por común es que habría igual y abierto acceso y estructuras de auto- administración para las tomas de decisiones- parecía que aún tendría que haber instituciones para organizar el filtro de las tuberías, la distribución de las tuberías y todos los aspectos mecánicos, allí es donde el agua se haría un común. Entonces estas dos cuestiones, la duración y la organización material parece requerir algún tipo de institución, y por institución aquí no me refiero a algo fijo, inmutable, sino un proceso repetido de relaciones, duraderas en ese sentido. Entonces, alguna estructura aquí que signifique instituciones de lo común sería una relación duradera y repetida que sea capaz de auto- administrar las cosas que compartimos. Eso es el punto en el que llegamos a la noción de institución y lo que quiero decir con instituciones de lo común.
M.B.: Hay una posición de objeción a la construcción de instituciones, que se expresa por ejemplo, en el contexto del intercambio que tuviste con John Holloway[4] . Pero también hay un contexto de discusión política en Latinoameérica sobre la duración y materialidad de la organización. Desde mi trabajo de campo he podido constatar una preocupación común de quienes hacen las redes sobre las dificultades,  obstáculos y límites para acumular poder y construir instituciones, como el estado y las corporaciones las tienen. Hay mucha gente en las redes que sostienen que ellos construyen una plataforma y una agenda que dura muchos años, pero pareciera que en lo que a la Multitud refiere hay muchas dificultades en este sentido.
M.H.: entonces quieres decir que la objeción sería que si creáramos instituciones de lo común devendríamos como las corporaciones, estaríamos en una situación homóloga?
M.B.: No es eso. Quiero decir que las estructuras de los estados y las corporaciones tienen poder porque tienen instituciones, ellos acumulan poder en sus instituciones. Mientras tanto en la multitud aún hay discusiones sobre si formar instituciones o no. Yo acuerdo con tu posición y con el marco desde donde piensas la construcción de instituciones. Pero Holloway, por ejemplo, pensando desde las mismas luchas señala que no hay lugar para o posibilidad para moverse hacia la construcción de instituciones, sino que lo único que hay que producir de forma permanente es la ruptura. Entonces cómo especifícarías formas de pensar la institución en relación a la revuelta y ruptura permanente?
M.H.: Bueno, esta es una pregunta antes de responder: no considerarías las redes (de justicia ambiental) como instituciones en sí mismas?  Quiero decir, a mi me parece esto y me parece útil. Estoy pensando porqué necesitamos instituciones. En parte se trata de hacer los movimientos más fuertes (y más duraderos) pero la cuestión es- y es una dificultad también, y una apuesta- es que podamos construir instituciones que no sean rígidas y exclusivas. Pienso en ellas más como hábitos sociales que como instituciones, o sea, no las veo como un lugar sino como una forma de actuar a la volvemos y mantenemos en el tiempo. Una parte de esto es en relación a la eficacia, necesitamos ser capaces de construir desde nuestros éxitos y resistir las fuerzas represivas contra nosotros. Me pregunto si este contexto puede ser de ayuda también: una generación previa en la izquierda estuvo mucho más enfocada en la creación o adaptación de instituciones- las instituciones de los trabajadores, las estructuras sindicales, periódicos, revistas, todo tipo de instituciones- y la generación de la que somos parte ahora ha sido muy crítica con esos aspectos: su rigidez, naturaleza exclusiva, jerarquía. Pero al menos desde mi perspectiva, aún cuando rechacemos de plano esa rigidez, jerarquía y naturaleza exclusiva de esas no deberíamos por lo tanto rechazar cualquier institucionalidad, sino construir otras que sean abiertas, flexibles, horizontales. Y creo que eso es a menudo lo que ya estamos haciendo. Quiero decir que por eso creo que es útil mirar a estas redes como experimentos con ese tipo de estructura institucional.
M.B.: Tu punto es muy interesante porque parece haber una generación entera para la cual la crítica institucional fue una herramienta para luchar contra la opresión institucional. Pero rápidamente el sistema político y el capitalismo, el ascenso de la sociedad de control, se apropiaron de la crítica institucional para destruir las instituciones, contra la izquierda, porque las luchas por derechos generaron desarrollos institucionales como conquista.  Pero la cuestión es que probablemente estemos en un momento de cambio, tenemos que pensar en mantener la crítica institucional- critica la opresión- y al mismo tiempo dar  lugar la constitución de nuestras nuevas instituciones. De tal manera que hay una combinación, la crítica y su poder destituyente, con el poder constituyente de una nueva generación.
M.H.: Solo un ejemplo más. Veo las prácticas de las comunidades Zapatistas como experimentaciones similares en instituciones, como tratando de crear nuevas instituciones pero no es que las comunidades no tengan relaciones duraderas. Quiero decir, el buen gobierno en sí mismo es la idea que podemos gobernarnos a nosotros mismos en formas justas y duraderas, pero no sin instituciones. Mi experiencia, y no solamente con el EZLN, que es una estructura militar, sino con las comunidades, cualquiera que ha visitado reconoce todo los hábitos repetidos y las estructuras que hacen parte de la vida allí. Quiero decir, si ellos tratan de generar una nueva forma de vida y eso es realizado a través de tipo de hábitos, y pensemos en términos de hábitos en vez de instituciones si eso es lo que les asusta a algunos  (…), esa es mi recomendación.
M.B.: Dejáme preguntarte una pregunta a partir de un ejemplo digamos, difícil, como lo es pensar la administración de justicia. Cómo visualizás, desde tu lectura de las luchas en el mundo en el presente pero también desde la permanente recuperación de la historia y la genealogía de las luchas que Uds. Realizan, la cuestión de las instituciones de lo común y la governance democrática- como extensión de las instituciones de lo común, cuando se trata de resolver los casos de problemas ambientales con gran complejidad, imaginemos la des- contaminación de lagos o mares, o el uso masivo de agrotóxicos. Las instituciones del estado contra las que luchamos, por su subordinación a los intereses del capital y la soberanía capitalista, es aún un actor importante para las redes, digamos, tensionando el rol del estado.  Cómo visualizas en este marco del proyecto político de una governance constituyente el rol del estado y la administración de justicia.
M.H.: Mi percepción es que hay dos modelos de movimientos sociales en Latinoamérica hoy que me parecen productivos. Uno, diré que es “modelo menor”, de los que los Zapatistas podrían ser el paradigma, es uno en el que no hay más compromiso con el estado. Por supuesto que históricamente los Zapatistas intentaron una negociación con el estado pero desde entonces han actuado de forma autónoma. Lo que parece estar mucho más difundido para mi como una táctica importante, es la práctica social de los movimientos de estar tanto comprometidos como antagonistas al estado, tanto realizar demandas como atacarlo. En muchos casos, y esto puede ser un lugar común pero es un buen punto de partida, mucho de los gobiernos progresistas en el continente llegaron a poder en las espaldas de esos mismos movimientos sociales, y mucho de ellos han requerido o demandado, una vez en el poder, que los movimientos sociales meramente los apoyen y apoyen sus decisiones. Pero lo que pienso es que es más común y productivo es el compromiso antagonista de estos movimientos sociales, un tipo de dialéctica- podríamos llamarlo- o al menos un movimiento de dos frentes, contra el capitalismo neoliberal y contra los gobiernos progresistas en la región que son en muchos sentidos realmente anti- neoliberales, puesto que llegaron al poder como fuerzas anti- neoliberales. Entonces termina siendo un tipo de guerra de dos caras para los movimientos sociales. Y eso es lo que he reconocido como la posición más productiva y beneficiosa en relación al estado. Por ejemplo, en algunos casos apoyar al estado contra la privatización de los minerales y los recursos, pero en otras veces oponerse a la destrucción estatal de las tierras indígenas por las políticas extractivistas. Si, un compromiso antagonista me parece una forma de definir lo que se ha estado desarrollando en los movimientos como una estrategia hacia el estado.
M.B.:  En el señalamiento que realizás sobre devenir antagonista, con o sin el estado, la construcción de las instituciones tiene que ver con la reapropiación del tiempo y estado de la Multitud, no en términos descriptivos sino como parte de un movimiento constituyente. Considero que el marco para pensar en la construcción de las instituciones de lo común, una revolución, una governance constituyente tiene que tener lugar como parte de la misma construcción, es decir, un caracter experimental del pensamiento. Creo que un problema que tenemos es la discusión sobre si tomar éste camino u éste otro, y ahí viene tu contribución acerca de pensar desde una diversidad de tácticas y estrategias, lo cual está linkeado a la idea de multiplicidad y al concepto de lo común, que no es un común en términos de la tradición del comunitarismo, sino en los términos de la multitud donde la diversidad se puede desplegar y expresar. Ahora bien, pareciera que la acción política de la Multitud tiene un gran asunto en la reapropiación de las instituciones y la governance. Si las corporaciones y los estados tienen una governance imperial, cómo puede ésta convertirse en una governance democrática? Es éste el camino de la revolución? Cómo describirías la noción de reapropiacion? Cómo es posible pensar la transformación de ser sujetos de la opresión a agentes de cambio, y por extensión, cómo se pueden transformar las instituciones de esas estructuras jerárquicas y fijas hacia las instituciones de lo común? Qué es lo que hay en ese “entre”, el deseo, la experiencia?
M.H.: Es ligeramente diferente de la forma en la que lo estás preguntando, pero sería interesante comenzar por la tradicional noción comunista de que tenemos que reapropiarnos de los medios de producción. Lo que el desarrollo capitalista ha hecho es separar los productores de los medios de producción, separar los agricultores de la tierra. Es cierto en términos industriales también en esa tradición comunista, que necesitamos continuar produciendo pero bajo términos que controlemos. En cierta forma, la auto- gestión/ administración de la producción sería una condición primaria o primera para la reapropiación de los medios de producción que han sido expropiados. Entonces, estoy pensando si consideramos la reapropiación no en los términos mecanicistas económicos sino en términos políticos e institucionales. ¿Qué significa reapropiarse de las técnicas de cooperación, de governance, y llevarlas a algo diferente? Creo que es cierto que la noción tradicional comunista de reapropiación de los medios de producción asume que las herramientas y medios pueden ser usados de forma diferente, de manera que si los trabajadores industriales se reapropian de la fábrica, la fábrica en si misma no es una estructura opresiva sino que siendo auto- administrada podría ser diferente. Soy curioso acerca de cuánto la noción de reapropiación plantea la cuestión de la neutralidad de las herramientas. Por qué estoy pensando esto? Por que trae la cuestión de las instituciones. Si nos reapropiamos de los medios de organización social en vez de los medios de producción- o dicho mejor aún, los medios de producción social- los medios en los que producimos la sociedad y las relaciones sociales. Y diría que institución, en la forma en la que hemos estado hablando al respecto, significa producir relaciones sociales estables. Uno tiene que preguntar/ cuestionar cuál es el contenido de esos medios de los que nos estaríamos reapropiando, y creo que llegaríamos a un punto así: si podemos transformar esas instituciones en otras que promuevan en lugar de frustrar los tipos de relaciones democráticas e igualitarias que queremos, ése sería el objetivo.  Si al revés, los medios de producción de la sociedad de los que nos hemos reapropiado repiten de alguna forma las jerarquías y las disciplinas que operan corrientemente, eso sería ciertamente una señal de que tenemos que destruir esos medios antes que reapropiarnos de ellos.
M.B.: Hay una cosa en la reapropiación que me parece una idea importante. Por ejemplo en la tradición marxista está la cuestión de la toma de conciencia de clase. Pero en un marco biopolítico diríamos que no solo se trata de la conciencia, y en este sentido te preguntaba sobre cómo es posible la reapropiación. Desde la biopolítica no diríamos solo conciencia sino deseo, afectos, en las ideas de Spinoza o de experiencia en el pragmatismo. Entonces, qué es lo que hace la reapropiación posible, somos sujetos de la opresión o somos agentes? Hay algo deleuziano en todo esto si pensamos en términos de intensidades y devenires...
M.H.: Lo hay, también me parece importante y creo que encaja en la discusión. Al menos desde mi perspectiva no hay razón para asumir que espontáneamente vamos a juntar y tener relaciones amorosas y pacíficas relaciones sociales. Lo que es requerido no es tanto normas y prohibiciones como un entrenamiento político de nuestros afectos, una forma en la que aprendamos juntos a auto- gobernarnos. Y eso me trae otra pregunta casi- institucional, sobre qué es lo requerido para la educación de nuestros afectos políticos. No estoy sugiriendo que vayamos a la escuela para eso, sino eso es en parte lo que está siendo realizado actualmente, cualquier activista reconoce que parte de tu experiencia en el activismo es el entrenamiento de los afectos políticos y una forma de aprender progresivamente cómo trabajar con otros, cómo resolver conflictos con otros, cómo resolver falta de entendimiento, cómo trabajar con otros inclusive desde el desacuerdo, todos estos son, en pequeña escala, tipos de entrenamiento social en auto- gobierno. Y eso es parte de lo que pienso que tiene que ser cualquier proyecto de auto- gobierno, la transformación de los afectos es una educación sobre cómo estar juntos.
MB.: También la auto- valorización, como has escrito, es una idea importante porque permite superar la noción más racionalista de conciencia, porque también nos lleva a ese lugar donde hay alguien que tiene la conciencia y otros no. Y esa es otra discusión en las luchas, no tenemos que llevar la conciencia a otros, sino que es un proceso colectivo que tiene mucho que ver con el entrenamiento de los afectos.
M.H. :Lo cual es complicado, no es una cuestión que se resuelva inmediatamente, incluso podría ser rápidamente malentendido, como “si te voy a entrenar a ti, y ...” pero significa algo diferente de eso, estoy hablando de aprender haciendo, creo que de esa forma cualquiera ha aprendido a formar una comunidad activista, haciéndolo y cometiendo errores y estar abierto a los otros aún desde los errores, y ese es el tipo de educación...
MB.: Es muy interesante, por eso quería traer la idea de experiencia, de aprender haciendo, de conocimiento práctico, y también de inteligencia colectiva. Pero llegando a un cierre hay otra cosa importante aquí. Yo no afirmaría que las redes de justicia ambiental en América Latina son las nuevas instituciones de lo común, más bien me pienso desde su potencialidad, porque proponen otro marco para pensar los limites y posibilidades de la construcción de esas instituciones más que tratar de explicarlas o hacer de ellas un modelo. Entonces creo que la contribución principal que realizas es pensar sobre esa potencialidad y darnos herramientas para pensar en la posibilidad de construir y reapropiarnos de lo común.

Referencias Bibliográficas
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*    Licenciado en Comunicación Social y Doctor en Ciencias Sociales. Actualmente Investigador Asistente del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) y Profesor Asistente en el IIFAP- UNC. Correo electrónico: mauricio.berger@gmail.com

[1]    Proyecto de Investigación para la beca pos- doctoral del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Argentina): “Redes de luchas ambientales en América Latina. Experiencias comparadas en Argentina, Brasil y México”.

[2]    Beca Posdoctoral y programa de financiamiento para estadías en el exterior financiadas por el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET), Argentina.

[3]    Ver Reyes y Kaufmann, 2011.

[4]    Ver Hardt y Holloway, 2012.